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miércoles, octubre 13, 2004

Desde las paredes catredálicas. Posted by Hello

martes, junio 22, 2004

Miguel Ángel Andrade




Cerramos lo ojos
y nos quitan lo perdido
el cuerpo quebrado
la fuga en preparación

hay caminos que no se comprenden
zonas donde la voluntad tiene agujeros

en las ventanas del humo
hay una temperatura que nos expande la sensibilidad

uno despierta y no amanece
sigue buscando
en el aire en el azar
el mar y sus juventudes
la fecha exacta de la resurrección

la mancha en el espejo
es la sombra que no tuvimos
el extraño nombre que alguna vez pudimos tener

cuando me buscaste
callaron los incendios
ya no tengo la cruz
sólo un clavo en la mirada
y te busca.




XI

Siempre he procurado
descender lo más alto posible.
Efraín Huerta

Cuando perdí la noción del mundo
cuando yo no tenía intención de naufragar
en el laberinto de la duda
sino hallar certezas
formas nunca mencionadas

caí

fue un golpe terrible
para el suelo
un encuentro repentino
con la superficie de la realidad

aumentaron mis temores
mi piel enturbió su color
el incendio de mis pupilas
obtuvo rostros para consumir

desde entonces la sangre se me seca
el invierno expande sus nostalgias en mis huesos
una gota de óxido me lame la frente

y todavía hoy
cuando alguien lanza alguna blasfemia en mi presencia
el frío me recuerda aquella tarde
en que la voz de lo malditos
me provocó fractura en la razón.




vi

Reconozco mi torpeza
debo establecer un punto de partida .
para llegar a ti
tomar tu boca
sellar con la mía el no de tu tristeza

olvida las imprecaciones de luna
la distancia de los años
de vez en cuando
el azar recurre a nuevas estrategias

somos bestias ya lo dije
pero bestias matinales
en la saliva de la noche
manos en pos de la caricia

digo labios y una cereza me recorre el pensamiento
qué oscuro papel oculto cuando recojo tus cenizas
qué simetría me devasta la razón

escribo a desnivel
abordo tus colores

entre tu pasos homicidas
dejo libre la sed de mi garganta.




xvi

Más allá de mí
y mis retinas existenciales
busco erratas en tus señas sin sentido
temores que no pudieron evitar la decisión

porque este acto de atrevimiento (!)
es consecuencia directa de tus poderes
tu cabello y sus misterios
la altitud cardiaca de tu cuerpo

después de abrir tu voz
de conocer el aroma de tu tacto
no que queda sino rendir mi sangre
a las mentiras visuales

cómo ejecutar el amor
de tal manera que no nos perjudique

cayó la música
en frutas de colores

entre nosotros la distancia
es un puente pretérito
con intenciones de futuro

no tengo permiso de abrirle a la inocencia
y todo por dejar que la nereida de boca
conociera mis aguas genitales.




Verónica Estay


Origen

Aquí comienza el murmullo:
de la tierra me ha subido a la garganta.
Aún vacila mi voz ante su emergencia,
leve a veces e impetuosa luego.
Será por eso mi canto áspero,
desnudo quizá como un guijarro,
opaco como una palabra
que, recién despierta,
se sacude el silencio.

Aquí comienza mi mundo, aquí comienzo;
sólo mi pecho sabe
qué tan oscuros seremos.
Palmo a palmo iré recorriendo
la verde extensión de sus valles y montañas,
la clara soledad de sus estrellas,
el oleaje manso de sus nostalgias.
Éste es el instante en que se pasma
el pecho un poco antes del suspiro
y arrastrando en su caudal la vida entera
se volcará en el mar que abre sus brazos.
Todo se concentra en la eclosión del silencio.
Emerge desde el centro el fulgor de una palabra,
aquí viene el sol encendiendo horizontes,
Ésta es mi voz,
éste es mi origen,
aquí comienzo.




Desnuda

Ayer.
Ayer el amor,
Ayer del deseo,
Ayer la noche.

Ayer los cuerpos,
Confusión de manos,
Bocas, senos,
Vientres, caderas.

¿Dónde estaba yo entonces
si no podía saber siquiera
cuál era mi boca y cuál la tuya?
¿Dónde estaba yo entonces?
Un poco en ti, un poco en mí,
un poco en ningún lado.

Para sentir mejor me quité la piel
y la dejé colgada sobre una silla.
Después del último beso
Comencé a vestirme:
El pudor sobre el rostro,
el recato en el cuerpo...
pero olvidé la piel.

Y así me fui, medio desnuda.
Ahora hasta el viento me lastima.




Memoria

Algo en mí se expande para el vuelo
cuando cierta levedad entre las cosas,
cuando el aire,
cuando llama en la distancia
esa voz que reconozco
y otro pájaros acuden, palpitando.

El vértigo, el súbito asombro
de estar diseminada en las alturas,
infinita en el azul,
el pecho
inflamado de nubes,
los ojos
ciegos de luz.

Viene el viento a la memoria.
No soy yo la que recuerda.
Es el cuerpo buscando a tientas
fragmentos en la noche:
un brazo, una pierna,
perdidos dónde,
cuándo,
en qué trayecto,
en qué puerto lejano y olvidado.

Hay ecos todavía en torno a mí,
vuelos, arrebatos que despliegan
las alas que no tengo…
En lo profundo el azul prepara
un retorno imposible.

Pero alguien llama
y de mi pecho acuden
antiguas, secretas
nostalgias de pájaro.

Miguel Maldonado




Oda virtual

Botánica sintética
privilegios del siglo XXI
El tonel de Diógenes es un estudio
nada de complicaciones
que tuercas que engranes que aceite
basta la suave felicidad de un monitor

Si yo pudiese mostrarme todo
como una pantalla
saber mi posibilidad
cuántos recuerdos a la memoria van
qué capacidad amatoria me resta
a qué velocidad proceso el gesto
recorrer seguro el mundo
con orgullo de machintouch actualizada
dejar este cuerpo chicloso y aparecer en todo sitio
tan a la mano como un switch
de memoria magnética e inolvidable

El internet vino a sembrar envidias
hasta cuándo podré ser máquina
y así que alguien me personalice
dudas
papá cree que se ha vuelto de plástico
supercherías
te va a devorar el teclado
conflictos
no sé a quién quiero más
a tangaroquera o a tigregrgrgrgr

¡Qué terrible destino el del hombre!
decidir y decidir
envidio al holograma y sueño con ser de plastilina
La igualdad se volvió por fin científica
hasta el muchacho de andrajos puede caer en la red

Cuídame como a un delicado circuito posmoderno
déjame ser enigmático como un chip
tenme en ventana y en tu corazón siempre latente
dame la confianza de un disco flexible
y cuéntamelo todo

Con estatura de 3 ½
conciencia de ram
con piernas de fibra óptica
y articulaciones de pentium
listo para entregarme locamente a ti
usuario

Ah las chicas y su belleza informática
Fauna de monitores y vida de ventaneo
“time is entretainment”
no hay que salir de casa
hay que asomarnos por las ventanas

Por qué no tecnologizarnos
me oprimo un botón y se acabaron las agruras
necesito que me programen para no tener gripe
no importa es llanto digital
hazme CLIK en las costillas

Quitarnos los archivos defectuosos con un baño
y trabajar más para comprarnos más bytes para trabajar
más para comprarnos más bytes para trabajar más para
Círculo virtualoso

Cyberamas a Alicia en las páginas de las maravillas
y su emisión de besos con buqué eléctrico

La tecnología debiera ser una ética
seguirle los pasos a Microsoft
que despidan a quines no tengan gallardía de robot
ánimo de PC
vivacidad de ON

Ícono agarró de los cables a doc.
lo sacudió hasta sacarle bytes del chip
ya tirado le escaneó los costados y
le averió la memoria
me dejo apantallado

Métete al ícono que tengo debajo de la ceja
oprime la función “B”
selecciona la ventana que aparece en mi nariz
ahora sí
configúrame a tu gusto.




Servilleta en mano

Vi a la mujer por quien podría abandonar esposa e hija
luego a quien me haría abandonar las tres
ando buscando la mujer por quien abandonaría todas
no existe digo atravesando el bulevar

Lo más importante en este mundo
es cómo cruzar avenidas
esperas un tramo sin autos
o te lanzas entre coches

Te veo del el otro lado de la calle
eres la mujer más tierna a la redonda
Traías un moño en el pelo que te llevó horas
pero me interesó tu mejilla
los cabellos de la nuca.

Comemos unas tortas
siempre tienes una servilleta en mano
sabes del aguacate traicionero
Tu mano siempre en servilleta
y termina echa bolita
así duermes
haces las cosas a tu modo
¡bolitas!
seguramente te lo pegó tu madre

-Oye y cómo cruzas la avenida
(Ahí está el detalle ese detalle)
esperas o caminas entre autos
realmente me interesa cómo pasas la calle
tú en eso de cruzar la calle cómo



Gabriela Puente




I

Amanecí enferma.
El perro se pasea,
impaciente aguarda mi muerte
para tragarse mis huesos.

II

No me reconozco,
en el espejo el espanto.
Mis ojos ante los míos
asesinan mis palabras.

III

Toco, confundo,
mis manos son ajenas.
se acarician.

IV

Me libero, corto mi cabeza.




el Popper de dios

El cielo es una manta
tela delgada. El telón-cortina
de la vida.

A él llego blasfemando,
en mi cerebro, los gases punzan
¡Virgen María!

Más allá, la luz del agua,
el cántaro de Magdalena.
Regreso mojada,
agua-sol que hierve.

Qué te puedo decir.





destrazadero I

borra mi corazón
me lo has destrazado
¿tú lo trazaste?
estraza pa´las semillas
y los chiles y las vísceras
estraza en el baño
del mercado
estraza en el baldío
de los puestos de comida
estraza para en
volver
contigo
envuélvelo para llevar
quizá para la perra

el estraza por kilo
para las tortillas
yo soy tortilla





zum vida me

zumzum zum atraviesan los autos se corretean zum todos con prisa zumzumzum zum ocho de la mañana zum zum la hora carrera, los tacones corren zum con los niños que también corren y lloran zum zum, los trajeados zumzum ya sudan, zum los niños a las escuelas, los trajeados a las órdenes de otros trajeados que están a las órdenes de sus esposas y de sus amantes y de sus madres que obedecen al televisor y a dios zum que está a mis órdenes zumzum que le hago caso al demonio zum.


Gerardo Arturo Zepeda Ordorica




II

Saliva mutua la noción de un día de pronto
fingir una muerte inesperada.
Llegar al templo de la carne
muertos de horror y soledad.
En ese vació inexpresable de sombras o martirio.
En su secreto de mitad agusanada
la morfina del sexo en otros cuerpos se derrite.
Los cuerpos son puentes que usamos
para no caer a la boca insaciable del tiempo
donde alguna vez fuimos el otro
y nos acariciamos cuerpos de una misma soledad.
De frente, la ruina, el desgaste apoltronado,
una gaviota cercenada de sus alas
por consecuencia o voluntad de odio.
Por qué no volver a tu cuerpo,
y que la soledad sea apenas un estado frágil de la mente.
Un cuerpo.
Quiero decir un cuerpo amado,
debe fingir salvarnos del miedo,
así sea sometido por el yugo hostil del sexo
o la traición quien lo convoca.
Un cuerpo.
Evocación de lo inasible,
claridad de tiniebla acechante
un fantasma del que olemos su pelo
y abrazamos esperando encontrar en su maldad
una puerta menos terrible que la falta de este miedo,
algo así como quedarse a solas y mirar el techo,
comenzar a enrarecerse con preguntas lapidarias
para descender como un pecado al mundo
súbitamente, derrotado, inútil,
depravado por el miedo.





V

Estoy seguro que la soledad nos hace creer en espejismos.
Refugios contra el insoportable vicio
de estarnos cargando por las aristas del tiempo.
Frágil posibilidad del porvenir,
resolverlo todo por la magia del desgaste.
El hombre precavido no carga ilusiones,
sólo una gota acicutada de amnesia
a manera de flecha para ultimar a la esperanza.
Y hay una voz, siempre, una suma de palabras casi huecas,
un pelícano sobrevolando el extravío,
un pelícano para explicar la claridad,
un puente tendido sobre la incertidumbre,
una salvación entrando a los lugares de la sombra
por la puerta de un tal lugar a deshoras encontrado.





Terraza en la orilla

Baja la última sonrisa
del árbol tenue de la felicidad
La última carne de otoño
desvanece su cuerpo en la ventana

Ella mira cómo la soledad
con una mano en el instante
se detiene a crear el tiempo
Toma la taza con la mano sonámbula
y tiembla.
El atardecer rompe sobre sus ojos
un lago simple devora las horas
y la infusión amarga le baña la boca

Así debe ser el día siguiente del anterior,
entiende la mujer sin reproche.
Ahora todo lugar ocupa un cuerpo en el espacio.
Sonríe con la boca inmóvil; húmeda y amarga.
El tren pasa de largo
puntual
a la hora del silencio.


viernes, enero 23, 2004

DI VERSO

La modernidad existe, dice Pere Gimferrer, porque existen los raros. La singularidad es uno de los pivotes de la transición, del cambio, de la ruptura que instaura los nuevos moldes de la enunciación, de ese discurso que conquista los márgenes inexplorados de un fenómeno aparentemente común; en este caso, la lengua.
Exploración y conquista son, sin duda, una característica de esta empresa al mismo tiempo colectiva y personal. Indagación y examen que no es posible abordar desde una frontera unívoca sino que necesita del concurso de varias y diversas sensibilidades.
La poesía de este grupo Di verso es original en su radical diferencia, pero esa diferencia complementa la expresión colectiva de una generación despierta al clamor caudaloso de un río subterráneo que cruza secretamente sus tramas poéticas, como ese otro que cruza la ciudad que los reúne.
De lo lúdico a lo soterrado, del compromiso con lo social al despliegue erótico; esta poesía se oscurece al ritmo de sus metáforas, se ilumina con los relámpagos de la razón, se ahoga en líquidos corporales o se sacude con las voces trasterradas de los habitantes de la tierra. Gabriela Puente, Miguel Ángel Maldonado, Arturo Zepeda Ordorica y Miguel Ángel Andrade, se reunieron, hace unos cuantos años en el taller de poesía de la Escuela de Escritores Sogem Puebla, hoy lo hacen por cuenta propia al borde de sus diversidades y de un ejercicio raramente común. El nombre de esta lectura es el nombre que, desde lo comunitariamente heterogéneo, puede darse a la poesía: Casi el abismo.

Enrique de Jesus Pimentel
MIGUEL MALDONADO


Entre los dedos del pie
Hay que ir allá, a los rincones descuidados entre los dedos del pie, me dijiste. Allí es donde estamos. Sedimentos, plumín del beso mensajero, jarra de frases rota sin oreja, el hilo perdido, la hilacha de una charla, el cuarto en desorden con la caricia destendida, volutas del amor limpio y del mugroso. Allá, a los lugares de poca concurrencia, al territorio inalcanzable de la espalda, a la paja dorsal de recostarnos en el parque y que no alcanza la mano enjabonada.
Hacia el rostro anverso de tu muslo, la cara alborotada de tu palma, la rodilla de pómulos agudos, la nariz de tu tobillo, la mirada en decaedro de tus yemas, las mejillas de tus nalgas, la chapeta entre tus piernas. Y tu cadera orejona; y tu ombligo como si dijera siempre “O”. El bozo en el vientre, el tilín de la úvula del clítoris, las lenguas mellizas, el conjunto de cuellos, el trío de ojos, tu frente creciendo desmedidamente ya eres campo descubierto.
En tu rostro se ven los pies hinchados, en tu pupila se dilata todo lo que debía haber llegado, tu cabello tiene un aire maltratado. En una de las tres arrugas de la orilla de tu ojo, alguien botó el papel que te tocaba jugar en todo esto. Que no había lápiz para zurdos Que te tocó un desastroso remolino en la nuca Que
No importa, sólo importan los ojos saltones de tus venas verdes.
En el fondo somos agua, un estanque se asienta con el fluir de los cuerpos, me dijiste.


Reconocerte
Vives conmigo
tienes ya tiempo viviendo conmigo
y sin embargo
cada mañana me cercioro
si el queso crema se te antoja aún de desayuno
No me habitúo a tus palabras de costumbre
no puedo amoldarme al monótono suceso de tu cuerpo
a la cotidiana sorpresa de tu desconcertante sonrisa
no puedo con el olor usual de tu presencia
y sigo preguntando ¿quién vive?
El inminente encuentro de tu seno
a quince besos diagonales del cuello
sigue siendo para mí un descubrimiento
La cuesta de tu pubis
todavía me pierde
y subo cada noche con la boca echa bolas
como Sísifo que ha vuelto su condena expedición
En mi felina ronda mejilla a mejilla
me sigo tropezando con el relieve de tus labios
Era de esperarse que ayer como anteayer
como todas las seis de la tarde
tuvieras que convencerme
de que eres tú
de que eres la misma
que tienes ya tiempo viviendo conmigo
y eres el tradicional asombro
de todos los días

*
Somos dos, bastan media taza de arroz, sartén lubricado, y dos cubiertos de deseo sobre la cama.
Siempre se nos olvida el tenedor, nadie tiene a nadie. Media cucharada de risas y saliva que deshaga el terrón. Lamiendo el omóplato hasta el último helado del cuerpo. Piel condimentada, lunares, pecas, cosquillas, cilantro en el pubis. Camino el comino de tu nariz.
Con la comida no se juega, decía mi madre cuando niño. Llegamos con dientes de leche a la hora del amor, si algo se cae nos vuelve a crecer. Siempre terminamos envueltos en la cama y llenos de algo, pienso en unos tacos.
La cama es nuestro mundo, la cama es nuestro mundo, repetías soñolienta. Mientras la traslación de tu dedo al switch, acababa con nuestro día de setenta wats.

*
Sigo intrigado por el ticket que me dan en cada compra, me parece un tanto innecesario. Como casi todos los papeles. Quizá sólo el papel poema y el papel de baño me parecen justificables. Desnudarnos, también, me parece inútil papeleo, que desabrocha, que engrapa, que dos copias de senos, que perfora y a engargolarnos… Pero todo tiene un lado burocrático. De la naranja a la boca hay un periodo de técnica. Desnudarte como pelando una naranja, arrancando cáscaras de mezclilla, mordiendo tu espalda con problemas en el broche, como quien muerde del gajo la semilla. Después me doy cuenta que nuestras desnudeces se van olvidando; pienso acaso en pedirte un ticket para llevar la cuenta de los cuerpos en un cuarto.


Ciudadela (fragmento)
Ya ni el uso cotidiano de ir a la tienda puede ahormar la cierta repugnancia que le tengo a los días. La plantilla no logra aligerar las raspaduras del asfalto. Es hora de comprar zarpazos nuevos, cambiarse de garras, enjaguarse el rostro. Voy sacando mi dolor en abonos, en módicas cantidades de gritos, en ligeros llantos quincenales. A veces ahorro, me sobran tres o cuatro puñetazos de mesa al mes; esos que guardas, que sabes que un día sacarás del monedero porque ahora son los dioses quienes te quieren tumbar. Así no siento que me desinflo, que ya para las once soy el globo menos aventado de la fiesta, que ni en vitrina despierto el anhelo de los niños. He llegado al malecón de las cosas, ahí espero la crecida; sé que subirán las faldas y que no tendremos liquidez para salir a la alza en un olán, crisis de espermas. Me paso el semáforo y aun así no llego en punto a comprender por qué las prisas. Seguramente alguien dijo la verdad en el café pero no brindamos, estábamos atentos en pedir la parada. No estoy listo para morir, para enredarme corbata al cuello y salir a tocar puertas ofreciendo un producto hecho a base de diplomas y treinta años de sumisa garantía. Retardado, siempre fui un niño retardado. Me ha dejado el elevador, el metro y el camión; me has dejado tú. Retardado. Por dios, ya no puedo, necesito que alguien me acarree, un diablito que me lleve. Entusiasta y de antemano derrotado, como agente de ventas al umbral, así soy. Pero la tentación está allí, tan maliciosamente a la mano, como bolígrafo de abogado. Yo no quiero morir de muerte artificial. Basta llevar un portafolio y ver la hora para ganarme la confianza de todos los que caminan ceñudos a mi lado. Riamos. Si tuviste una hora de break por qué no rompiste un folio, si nunca se retrasó tu vuelo por qué no llegaste plumífera y sacudiendo nubes, si ibas muy bien con la obra por qué diste manos al teclado, por qué con computadora y todo te sigue oliendo mal la boca, no programas una fiesta. Sigo guardando deseos en la cartera, sueños que anoté en un papelito y que nunca llamé. Sigo esperando el ring del milagro, quizá sea mejor ir a su apartamento y buscar el timbre de voz para apurarlo. Voy a atiborrar este poema. Debe existir ese botón que hace que aparezcan ganas, o que abra la gabardina donde se muestre que nunca llevábamos tal cinturón, que andábamos con pantalones flojos y nunca quisimos bajarnos los vidrios para invitar un raid a la peatona. Me resguardo de las inmundicias en el baño, allí comulgo las contrariedades del día, evacuo las calles saltando a la letrina, en el excusado todo se perdona. Yo ya no salgo si no hay baño a la redonda, un sitio para escabullirse por el desagüe de la charla. Que me sienten en el retrete de consejos púgiles para asaltar con buen juego de piernas el siguiente instante. Siempre salgo entusiasmado del baño, sin esa mirada lagrimea que lo sabe todo, que terminarán por abrirme la ceja y suspender la pelea, que se deshacen de mí sin un adiós agitando los dedos, sin ese estúpido adiós, que me desprendo de ustedes y me votan sin remordimientos, como jalando la cadena. Esa mirada vidriosa que lo sabe todo, la pelea por el canal de la tele, la erección tapada por una camisa, la callada repulsión por su gordura, la vergüenza con tu hija. Por qué no ponen los señalamientos del WC más cercano de la cuadra, es terrible no saber a cuantos pasos estás del baño. Cuál es el www.com de los sanitarios, quiero estar bien informado de los horarios en que me abstengo porque están haciendo la limpieza; la @ del día que estoy cansado de verlo a los ojos y sólo quiero mandarle mensajes desde el baño. No quiero ver a nadie, quiero comunicarme por recados, “dejé mi corazón en el horno del escritorio, tráguenselo” Yo ya no puedo dar el gran salto y salir de la regadera, evacuar la taza, caerme de la cama. Mi cama es mi patria, islote del cuarto con un hombre parado en el deseo devorando su culebra, allí erijo Tenochtitlán y tiro la casa, tiro la casa por tu ventana. Día del grito en el cuarto, celebramos la dependencia del hidalgo a su falsa costilla, a la mácula del deseo: todos somos caballeros de la mancha. El último recurso que queda a una banqueta replegada a sus dos metros innegociables, es sacar la lengua. Las cosas y yo sacamos la lengua al mundo. Saca la lengua el lápiz, saca la lengua el cable, el seno izquierdo, la pata floja, la hacendosa, el ajolote, la jabalina, el silencio. Un lengüeteo de culebra nos apremia. Ningún hombre prevenido puede andar sin paletas en la bolsa, pero no hay caramelo que distraiga las lengüetadas de las cosas. Y cuando alguien ofrece un chicle a esa lengüeta que le ha crecido a todo, el rechazo es una leve elevación del hombro. El paisaje se resuelve en sacar la lengua y subir los hombros. Niños por fin.

GABRIELA PUENTE


Perro Maché

El perro ensaya la muerte,
se queda tieso,
tieso, carton con engrudo.

Extraña su casa muere;
él no es nada, carton con engrudo,
lo sabe y muere.

Muerto me mira
con sus dos canicas.

El ladrido es casi mudo;
el pero juega a la muerte

yo juego con él
y callo.


Acto piadoso

I
Voy a morir aquí, ya era hora,
en la flema sangre,
lágrima ulcerina
que se traga el retrete.

II
mi cuerpo de cristo
de cada ocho días
se ha enmohecido
no lo comí, ni las ratas;
ahora verde, ¿no sirve?

III
¿a qué huele?, a pan.
una ración, mi ración de pan
se ha quemado.

IV
dios tan todo poderoso
y yo así, abrazada al excusado;
es mi hora de la soberbia:
soy lucifer, entiendo a adán y eva
porque no eran mis padres.

V
¿no estoy aquí yo que soy tu madre?
no me chingues, el amor
es una muerte de cerdo,
agonía envuelta en escándalos,
lamentos que no se entienden,
voy a morir hoy, aquí.


Sentencia a Gestalone

Descúbreme, mira mis ojos,
y atemorízate;
en la sal por venir
habrá respuestas;
en la furia del iris,
nuestras almas vacías
bailan.

Patea el cojín, busca a tu madre.
Corta tus manos que son malas.
¿Qué piensas de eso?
Repite
¡Mamá, chinga tu madre!

¿Dónde te duele?
Busca tus manos. ¿A quién golpean?

Soba tus manos, que en el tirol de la pared
se ha enterrado.
Golpea el cojín, desolla un pollo,
¿A quién golpeas? ¿A quién ahorcas?

Rompe el cojín, termina esto.
Corta tu lengua, saca tus ojos,
no llores más.
Agota el agua que arde, seca la sal,
ahógate en sangre.
Mata a tu madre, odia a tu padre.


malolordeflor

olor de agua sucia de flores de días envasados sus tallos atrapados en la peste la huelo y la vuelvo a oler me es familiar como los piquetes en las plantas de los pies como las raíces de los árboles bajo el pavimento y haciendo rebotar los neumáticos y rebotando el corazón y los sentidos anclados a la incertidumbre voy a buscarte el pavimento me absorbe y fluyo de él ante tus plantas los ruidos distraen estás esperando se ha hecho tarde espero y no es nada espérame llegaré si no atropello la gente me mira y la reto me reta necesito atropellarlos que se callen no interroguen con sus ojos los asesino con los míos mal olientes del color del agua de los rabos de las flores que por encima van bien el sonido del silencio y los ruidos del silencio y el silencio en si me arrulla me tejo en mis manos me abandono me olvido en el florero soy el agua de las flores no marchitas y que apestan de las flores estancadas y que yo condené a la muerte en el florero las flores tragan su olor y se marchitan para no seguir escuchándome para no seguir mi olor y el suyo es mi odio que se acumula el tuyo que cae en mi cabeza el reloj que aniquila mis palabras el perro que ladra en la azotea la ambulancia vacía ensayando tus ojos que me esperan la incertidumbre de no saber quien me espera no me moveré de aquí esperaré los días las cenizas las arrugas las goteras que se caiga el tirol la losa que sea de noche vengan los perros me rescaten se coman mis pies en su hambre esperaré por tus ojos en su chal de arrugas esperaré mejorar no cortar mis manos dominarlas conocerlas esperaré se rompan mis uñas se las coman las ratas también la lluvia la otra gotera se seque no se moje se agote ya no voy a esperar voy a abandonar la pluma callar las voces y que me convenzan apagar el motor desconectar los cables y huir otra vez hacia tus ojos con mi mal olor de flor

GERARDO ARTURO ZEPEDA ORDORICA


Puente en una sola orilla

Algo me ha arrancado de ti
y nadie parece darse cuenta
ni el espejo, ni la carta final
que jamás leeremos.

¿Los besos se preguntan dónde
dónde las bocas se extraviaron?
A dónde emigran los cuerpos que la noche ha unido,
para entender que detrás de ti y anocheciendo,
las bocas son palabras que se callan.

¿Qué se tuvo que romper para que el amor
subiera de entre los muertos a preguntar por ti?
¿Por qué con cruces se atraviesa el alma?
¿Por qué sangre en vez de una batalla?
¿Por que un pecho siempre habrá de inmolarse
cuando el amor asesino nos caza traicionero?

¿Dónde quedó todo el amor de tu aliento pronunciado?
¿Dónde Trastevere y tus ojos, dónde
la sal de tu pecho y las calles empinadas de La Paz?
¿Por qué sólo como última palabra, tu espalda de adiós definitivo?
El abismo que nos traga se llama tiempo,
un rencor sin alas, incógnito, que nos deja muertos y solos.

(de Prometeo para desesperados)


Vetmia e rendonte

Llevo los días encima como un destino inescapable,
la sangre, sus ratos alegres,
el olor del pasto cortado en el jardín,
la boca sin nombre del primer beso.

Me atrapa la hondura del lago sordo
donde patalean los rencores,
donde las piedras se han puesto sobre la espalda
de las hijas pródigas del tiempo.

Ayer la tarde era un comienzo.
Hoy apenas un puente para salvarme al otro lado
donde me esperan todos mis muertos.
Y yo me sigo preguntando, dónde,
dónde se va guardando la vida,
en sacos de sombra en el sótano del tiempo
o en el futuro que viene con las noticias del pasado
como un texto profético que llega tarde.

(de Retrato imaginario de las horas)


Noción de lo inasible

Cómo decir que todo pasa
que la eternidad es una imagen,
es tu voz llamando mi nombre;
¿Cuál es mi nombre?
Un rato de calma, volcán dormido,
un minuto de noche siempre,
una tarde lluviosa.

El tiempo y sus nudos algún día se rompen
y desatan los días torpes.
La tristeza abre la puerta
para darle vida a los errores.
Dolores ya transcurridos,
a la sombra de un nombre
un rumor de letras poco claras,
se clavan en tu cuerpo, estás sola.

Algún día, sin saber dónde inventaste mi rostro
o en cuál plaza hay una calle con mi boca,
me buscarás, abrirás la ventana y te cruzará
la sensación odiosa de levantarte sedienta,
buscando una voz para tu cuerpo.

Será el amor apenas un instante,
un hotel de paso, un perfume,
un sabor imaginario a fruta.
Seremos polvo y algunas letras,

Del presente sólo nos queda una memoria anticipada.
Ahora todo pasa y encuentra su lugar bajo las horas.
Todo suma, se multiplica y nos engaña
mira las ramas, tienen árbol,
mira cómo el amor sucede cuando se va.

(de Duele una mujer en todo el cuerpo)


Breathless

Cayeron mis brazos guillotinas de la fe.
No voy a perseguirte más,
ni ladrar como un ingrato que nadie me comprende.
Luchar tan sólo para volverse lodo metafísico,
pantano donde creció el amor,
donde ya las consecuencias caen podridas del árbol.
Se derrama el canto donde hay apenas voces
y un sabor a derrota se escurre por mi boca.

El amor, ese jugo o cicuta explicativa,
porción fecal del sueño primigenio,
límite infinito de lo que llamamos universo
y es en verdad apenas una fuga,
un impulso por morir acrisolado.

A quién le importa el agujero negro que habrá de tragarnos algún día
A quién las grietas que en la soledad existen
Todo se aclara en el tamiz de las explicaciones
las verdades a medias, las escaleras infinitas para llegar a otra escalera.
El amor muere cada noche, subterráneo, sin luces ni palabras.

(de Duele una mujer en todo el cuerpo)


Canto donde se habla de astillas

Inmanente al agua como la espuma
la vida es un dolor que se evapora.

Todo muere un poco cada tarde.
El viento mece las preguntas
que habrán de venir algún día.

Lento en el andar,
se desvanecen los secretos;
palabras sólo en el eco del día
se callan, mueren impronunciadas.
La soledad no tiene voluntad de irse
por eso hay que arrastrarla al fondo,
cocodrilo que llora y muerde al mismo tiempo.
Así se hundieron las horas de mi vida,
tormentas febriles que escampan,
han muerto de tristeza como es obligación de los recuerdos.

Lejos, la ciudad muere con las calles de mi vida.
Permanezco mudo, diminuto, ante este espejo
mirando las horas rompiendo infatigables como olas.

(de Retratro imaginario de las horas)


Poema V

Mi casa es de madera
y mi corazón de lucha
dije bajo el cielo en calma
en un rincón de mis anhelos

Todo se rompió con naturalidad de piedra
y se me puso en la espalda
el primer triunfo del fracaso

(de Grietas en la soledad)



Aproximación a la caída

El destino natural del infeliz,
mascullando,
veneno de otras latitudes, vuelve.
Ha muerto en el desierto y su fauna de reptiles
nos mira, llueven las grietas
por donde Dios se ha fracturado.
Nada corresponde al temor,
ni el tiempo difícil de las despedidas,
Amor, tantas noches hasta llegar a ti,
alborotadas noches de negar la mentira
y sin tregua, dejarse embaucar por la serpiente
que nos ofrece tu manzana a cambio de la sangre.
Quisiera por fin poner en algún lugar el techo,
dejar fija en la tierra la sombra,
cualquier pretexto, cualquier desastre,
ver convertido en profecía fatal.
La cama del enfermo, la mano del condenado a muerte.
La muerte lenta, anunciada, como el quiste inicial
del cáncer que habrá de enloquecernos.
Cercana al pómulo, la soledad nos guiña el ojo y
nos lleva de la mano hasta la guillotina.

(de Si muero quién alimentará mi espejo)

MIGUEL ÁNGEL ANDRADE



DÓNDE TE ENCUENTRO
si no es casual que yo toque puntos cardinales
por qué me obliga a escribir
tu geografía de relámpago y piedra

será que no hay manos más culpables
palabras más extrañas
que las que mi celo designa a tus pupilas

tus movimientos penetran mi embriaguez
cierran el círculo de mi sed enfebrecida

retiras depositas
retiras depositas

retiras tu calor
depositas tu veneno
en el instante mismo
que compruebo tu violencia

y no es que sea la última vez
pero a morir deseo que no se fuguen
tus caderas de mis manos.


LA TARDE APRIETA los dientes
me he ido quitando los colores del sonido
los placeres de la respuesta ya tienen la misma
reacción en mis adivinaciones

espérame dónde estoy
en qué punto de la tarde mis armas se disuelven

será una escalera una puerta sin ventanas
el paso de una mosca por el agua

es en esta cama donde me siento inusitado
donde todos los vapores del ensueño
van dejando su rastro de apetencias
es en este cuarto
en esta calle paralela

en la ciudad ésta que me resigna
a seguir perdiendo la mirada en todas partes

cuántas piedras tienen un rasguño de mis ojos
a cuántas peatones propuse
un viaje por las costas del extravío

no recuerdo
no logro subir las anclas de la memoria


se arrepintieron los errores
todas las hojas en caída acabaron por arrepentirse

volé
a ras de viento
ejecuté en las calles las marchas del verano

pero la ciudad no se inquietó
el banco de las correspondencia siguió cobrando
los ángulos no se abrieron
ni las fuentes se burlaron
la lluvia quebró mis piernas con su temblor pendiente
mi ademán perdió su ruta por seguir el juego

tengo la mente parada

cómo ceñir la piernas de la ciudad a mi cintura

(…)

si está lloviendo en ésta hora
no salgan con la mirada fértil
mi sudor ha disparado gacelas blancas
y luces de reclamo.



A MÍ ME VOLVIÓ LOCO la mañana
la sangrante claridad de la armonía
tuve que volar para abandonarme
visitar las sombras y dejar en prenda mi deseo

carecía de la locura necesaria para mudar la piel
surgí de la noche en descomposición
con los poros abiertos el sudor en la sonrisa
desperté para sentir en mi corazón
todo el rencor de las palabras
para sentirme ridículo
avergonzado por despertar

sí es verdad
desperté vomitando mariposas
tenía las uñas bifurcadas
los ojos trasegados por haber mirado
de frente las combustiones de la tarde

conseguí vender los espacios de mi respiración
poner en ruinas mi adolescencia

predecir era poner una grieta a mis equivocaciones
apostar por la razón
sabiendo que tenía las patas oxidadas.



LA MEMORIA TIENE viejos visitantes

los cerdos encebrados
tragan su semen
de excremento alimentan sus criaturas

que nadie me diga cómo abrirles la vergüenza
no hay respuesta
no hay piedra que suene en el hueco de su mente

andan de rodillas
con la cola al cuello
y un trozo de cerebro fresco
para cuando no abunde la carroña.


EN EL CAMINO hallamos
las corrientes cíclicas
del amor improvisado
hubo que nublar la mirada
con en el humo de la ansiedad

en oración nocturna te llamaba
con lo dedos en la punta del ardor

¿hay acaso
pared más luminosa que la del cuerpo?

bebo en tus pulmones el vino
tinto del amor ilusionado

tu cuerpo se dispersaba en manantiales
de estupor y agonía
ondas que se anudan
callan
y desaparecen

mi gusto no tenía color
pero fue el puente salino de tu espalda
lo que me condujo a la lujuria.

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